Así se llama el juego que inventaron un grupo de chicas y chicos de 10 años de una escuela rosarina. Donde imaginan un mundo en el que sus sueños puedan ser reales y tangibles. Una de tantas experiencias de resistencia a la hostilidad cotidiana que van construyendo junto a una de tantas maestras invencibles de los arrabales del país. Por Carlos Del Frade La destrucción del pensamiento crítico tiene un capítulo denso y contundente en la supuesta ausencia de esperanzas. Faltan mapas que muestren los lugares en que el amor…
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